MISTERIOS PARANORMALES
  Serpientes Marinas
 




En 1857 todo Londres se sobresalto, al leer un informe presentado al Almirantazgo por el capitán Harrington, marinero de gran prestigio, reconocida experiencia y sobrado reconocimiento. A bordo de su barco el Castilian y a unas diez millas de Santa Elena, habían avistado una serpiente marina de extraordinarias dimensiones.



Eran poco más de las cinco de tarde y contaban con la suficiente visibilidad como para comprobar que el ofidio en cuestión media, según sus cálculos, unos setenta metros de longitud, presentando una cabeza en forma de barril con una cresta arrugada coronando la misma.

“Estoy completamente convencido – relataba en su informe el Capitán Harrington – que el animal pertenecía a la familia de las serpientes. Era de un color oscuro por la cabeza, y estaba cubierta de manchas blancas. De haberme encontrado lejos del animal no lo hubiera distinguido bien, pero paso a menos de18 metros del barco. Además de mis oficiales y yo, la vimos unas 20 personas y puedo asegurar que la vi tan claramente como estoy viendo el mechero de gas que me da la luz para escribir este informe”.

Relatos como este abundan por toda la geografía del planeta, conformando un buen número de tradiciones que han alimentado la creencia en la existencia de serpientes gigantes. Al capitán Harrington se le acusó de fabulador, poniéndose en tela de juicio su tan cuidada reputación e intentando ridiculizarle, esgrimiéndose que había confundido un puñado de algas a la deriva con un monstruo marino. El experimentado marino fue contundente: “las probabilidades de haberse confundido serian las mismas que confundir una anguila con una ballena”.

En julio de 1897, la cañonera francesa Avalanche, que estaba patrullando en el norte de la bahía de Along, en el Tokin, trata de matar a dos serpientes de mar. a Avalanche no es el primer buque en descubrir tales animales en la bahía de Along, pero es el único que lo encuentra tres veces en ocho meses y su experiencia constituye uno de los testimonios más importantes en favor de la existencia de la gran serpiente de mar. Revelado en la edición del 5 de marzo de 1898 del Courrier d'Haiphong (Correo de Haiphong), el pleito del teninete de navío Lagrésille y de su tripulación con los monstruos marinos comienza en julio de 1897 durante una patrulla frente a la bahía de Along.

Si se cree en la declaración del oficial, dos animales de más de veinte metros y de un diámetro de dos a tres metros aparecieron repentinamente en la superficie del agua.

Contrariamente a las serpientes, se desplazan con ondulaciones verticales. Inmediatamente, Lagésille hace alistar uno de los cañones de repetición del buque y ordena un disparo a 600 metros. El tiro es ligeramente corto y los animales, asustados, vuelven a sumergirse "resoplando ruidosamente y dejando en la superficie un remolino similar al de una rompiente. Los testigos tienen el tiempo de observar la pequeña dimensión de sus cabezas.

DE LA LEYENDA A LA REALIDAD
Lejos de equivocarse, el capitán estaba en lo cierto y la ciencia nos ha permitido saber mucho de la existencia de estos animales, e incluso se han mostrado fotos de ejemplares que han alcanzado hasta 15 metros de longitud, como la efectuada a una cobra, en 1959 desde un helicóptero belga por el Capitán Remy Van Lierde, en El Congo. No obstante el descomunal animal que describe el capitán Harrington puede parecer algo inaudito con ese tamaño, pero no es el único que se ha podido recopilar, lo que nos lleva a pensar que podrían existir ejemplares de unas dimensiones descomunales, ejemplares desconocidos para el hombre que al contrario del relato descrito, no habitarían precisamente en medios marinos.

Y es que la serpiente que todos conocemos, no es un animal precisamente común. Pertenece a la familia de los reptiles, se mueven reptando utilizando movimientos ondulantes, para lo cual utilizan sus poderosos músculos. Sus ojos están especialmente adaptados a la oscuridad ya que durante la noche tiene su mayor tiempo de actividad, poseyendo unos párpados transparentes soldados y careciendo de tímpano. Su bífida lengua cumple un papel importantísimo en su sistema de caza, ya que la utilizan como órgano táctil y de olfato, por lo cual la sacan y mueven continuamente.

Si bien es cierto que se afirma haber encontrado ejemplares de Anaconda de unos 11 ó 12 metros en las regiones más selváticas de América del Sur, la mayor largura autentificada de una de estas serpientes no pasó de los 8,73 metros, correspondientes a una hembra cazada en 1960.

Pero hay testimonios de ejemplares de mas de 12 y 13 metros dignos de todo crédito.

EL MINHOCAO, EL MONSTRUO AMAZÓNICO
En 1907 el Coronel Henry Fawcett exploraba la cuenca del rió Amazonas por encargo de La Real Sociedad Geográfica, cuando pudo ver junto a los nativos que los acompañaban una enorme Anaconda, si es que era una Anaconda, cuyo tamaño fue calculado en 18 metros, sobre la que abrieron fuego repetidas veces. Pero no parece ser el único avistamiento ocurrido en una de las zonas más inexploradas del planeta.

Los indígenas brasileños llaman MINHOCAO a una supuesta serpiente imaginaria que cuando se sumerge en el río hace crecer las aguas, lo que irremediablemente no lleva a recordar el caso del padre Víctor. El 22 de mayo de 1922 el misionero Víctor Heinz, avistó junto con los indígenas que navegaban con él y sobre las tres de la tarde, tras una crecida del río, lo que describieron como una serpiente gigante de unos 24 metros de largo. El animal estaba en actitud de descanso, tras haber devorado animales de gran tamaño, según explicó uno de los indígenas que parecía haber tenido mas de un avistamiento de esta serpiente.

Las ultimas noticias que se tienen de serpientes de este tamaño nos sitúan en la población de Mainas, de nuevo en la Amazonia, a unos 250 Kms. de Lima. La población de este pueblo parece estar aterrorizado por la presencia de una serpiente de unos 26 metros de largo y 3 de circunferencia.

Incluso el alcalde del pueblo confirma este hecho, afirmando que “hasta ahora han sido 6 los testigos que afirman haberla visto, pero los otros 300 habitantes están aterrorizados, y llegan a situar a este monstruo en el río Napo”. Luis Lluma es uno de estos testigos y afirma que “tiene el tamaño de dos autobuses juntos” y “era negra, muy negra”.

AL HABLA CON LA CIENCIA.

Según algunos estudios estos ejemplares podrían ser unos parientes lejanos de una especie desaparecida hace 40 millones de años, el Gigantophis del Eoceno Medio, pero aun así estos ejemplares del Eoceno median alrededor de 15 o 20 metros, más pequeñas que las que describen el Padre Víctor y el Coronel Henry Fawcett entre otros. Por lo tanto estaríamos hablando no ya de un ejemplar de la familia de un fósil, sino de una nueva especie o de un crecimiento anormal en las especies conocidas hasta hoy producidos por algún motivo desconocido. Incluso algunos investigadores se atreven a afirmar que este “monstruo” es muy similar a otros observados en diferentes lagos del planeta, como por ejemplo el Ogopogo en el Lago Okanagan, Canadá, pudiendo tratarse de una misma familia de especies.

UN INSÓLITO RELATO.

A finales de Abril de 1711 un hombre identificado como Jean Tinner, vio en la montaña de Frumsemberg, Suiza, “una serpiente con cabeza levantada sobre varios de tortuosos pliegues que formaban su cuerpo de tonos grises y negros, por lo menos media siete pies (mas de dos metros) de largo, con cabeza parecida a al de un gato y sin patas”. Tinner la disparo con su mosquete y la hirió, posteriormente la mataría con su padre, pero desgraciadamente sus restos no se conservaron. Sin embargo las quejas de los vecinos de la región de que sus vacas aparecían si leche, desaparecieron con la muerte del animal.

¿SERPIENTES VOLADORAS?

Pero parece que no-solo reptan por el suelo estos animales. En junio de 1873, un granjero de Bonham, Texas, Estados Unidos, apartó la mirada de su trabajo y quedó atónito al ver lo que parecía una gran serpiente, con franjas de un amarillo brillante, que se retorcía en el cielo, encima de él. Otros también atestiguaron la aparición y di­jeron que era tan larga como un poste telegrá­fico. Según el periódico local Enterprise, la criatura "se enderezaba, se volvía y lanzaba hacia adelan­te su enorme cabeza, como si atacara algo".

Ésta no es la única noticia que se dio sobre monstruos en el cielo. La investigadora Loren Coleman reveló en su libro Encounters (1985) que una "serpiente similar fue vista no mucho tiempo después sobre Fort Scott, Kansas. Una versión similar fue observada en mayo de 1888 sobre Carolina del Sur; otra serpiente brillante se retorció verticalmente en el cielo del sur de Escandinavia, en marzo de 1935, y otra más dos veces sobre Cruz Alta, Brasil, en de 1935 y en julio de 1937.

LA SERPIENTE EN LAS CULTURAS DEL MUNDO
Es prácticamente frecuente encontrar el símbolo de la serpiente en casi todas las Culturas del planeta. Algunas veces se representa al ofidio como un animal amable y beneficioso, y en cambio otras como portadora de males y hasta incluso la muerte. Pero es esta ambigüedad, -comenta Margarita Bru, especialista en esta simbología - lo que ha permitido a la serpiente ser identificada en varias culturas bien con lo numinoso y lo sagrado (deidades solares o relacionadas con la tierra) con lo apotropaico (imágenes carácter mágico y talismanico que servían para apartar maleficios o conjurar a malos espíritus) o como propiciatorio, funerario, símbolo de la vida, o la regeneración, fertilidad etc.

Una serpiente simbolizaba al demonio que tentó a Eva de comer el fruto prohibido enel paraíso, pero fue una serpiente quien ayudo a moisés a derrotar a las culebras del faraón cuando este convirtió su cayado en dicho animal.

En Mesoamérica, una de las más importantes deidades era el Quetzalcóatl, figura representada por una serpiente emplumada. Estaba asociada con los vientos que traían lluvia y con el maíz, alimento básico en su dieta. En el arte olmeca de México se han hallado imágenes de este Dios que datan del 1500 al 300 a.C.

También en la cultura Griega se podía encontrar esta figura en lugares tan importantes y mágicos como los Oráculos, concretamente el de Delfos, el más importante de los Oráculos de la antigüedad. Desde alrededor de 1400 a.C. este Oráculo fue consagrado, quizás, por una diosa de la Tierra, representada por una serpiente Pitón, símbolo que aparecería hasta cerca del 800 a.C. cuando se dijo que Apolo mato a la serpiente que lo custodiaba y estableció un nuevo Oráculo.

Se podrían enumerar infinidad civilizaciones que se consagraban a este símbolo, como los Egipcios en donde se han hallado serpientes momificadas junto a quien perteneciese la tumba, o coronando siempre los tocados de su cabeza, hasta monumentos que solo son visibles desde el cielo y de extraña explicación como El Montículo de la Gran

Serpiente en Ohio, que se cree pertenecen a las culturas Adena o Hopewell.






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